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Ser mujer, madre y científica es posible: Herminia Pasantes

Michel Olguín Lacunza / Diana Rojas García

Herminia Pasantes Ordóñez, investigadora emérita del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, recuerda que cuando fue alumna el que una mujer estudiará era una actividad poco convencional, sin embargo, la especialista en neurobiología apunta que desde pequeña fue competitiva y todo lo que planeaba lo conseguía. “Así, al iniciar mi carrera no me afectó ni la estructura social ni los comentarios de los demás”.

La académica universitaria evoca en entrevista para UNAM Global que desde los cuatro años usa anteojos, y cuando llegó el momento de ingresar a la Universidad en 1954 su mamá pensó: “Pobrecita, con esos lentes nunca va a encontrar novio y no se va a casar”. Entonces la dejó estudiar.

Rememora que tuvo excelentes maestras de biología y ellas la conectaron con el Instituto de Biología de la UNAM, que en aquel entonces se ubicaba en la Casa del Lago. Una vez que respiró el ambiente académico le encantó.

Así, por influencia de sus profesoras y su admiración por el ambiente escolar se decidió por la ciencia y la investigación. Hoy, Pasantes Ordóñez es una autoridad en temas de neurobiología y cuenta con 50 años de trayectoria en la Máxima Casa de Estudios.

Para ella la ciencia resultó muy apasionante, sólo comparable con las artes. “Uno se reta a diario, se enfrenta con la naturaleza, le preguntas algo y si lo hiciste de forma inteligente te contesta, es algo extraordinario, pero si no fue un planteamiento sabio debes cambiar la hipótesis”.

¿Distinción de género en la ciencia?

De acuerdo con la profesora emérita no existe una distinción entre hombres y mujeres para dedicarse a la ciencia. “Creo que somos iguales al funcionar y actuar como investigadores. La única diferencia es que cuando se enferman los hijos somos nosotras quienes van a  casa a cuidarlos, es algo que nos toca resolver, o al menos así era en mis tiempos”.

Al preguntarle si la familia fue un obstáculo en su carrera, Pasantes Ordóñez responde que ella logró un equilibrio. “Hice un doctorado en Ciencias en la Universidad de Estrasburgo, en Francia, y viajé con mi esposo -que a veces causan más problema que los hijos- y mis dos niños que tenían tres y cuatro años”.

Menciona orgullosa que su marido la apoyó, y dejó de lado su carrera que estaba en ascenso para acompañarla a su doctorado. Aunque él también tenía una beca para estudiar en dicho país.

La científica está segura que se puede ser una investigadora exitosa y tener una familia desarrollada, con todo el nicho del tiempo y cariño que se debe brindar.

Al respecto, declara: “Me encantó ser mamá, es maravilloso y ser abuela de dos jóvenes todavía es mejor. Y en mi caso, mis hijos nunca me reprocharon por mi carrera, nunca se sintieron abandonados”.

De hecho, la investigadora emérita recomienda a las jóvenes que se fijen muy bien con quien formarán una pareja, porque es fundamental que sean apoyadas y las entiendan para desarrollarse en su profesión.

Hoy, Herminia Pasantes tiene dos pasiones: dedicarse a la docencia en la licenciatura en Neurociencias, donde ella trabajó arduamente para su creación en la UNAM, y la divulgación de la ciencia.

De su profesión, Pasantes Ordóñez reconoce que ha sido extraordinario entender todo lo que pasa dentro del cerebro, y por ello, le dan ganas de contarlo a todo el mundo. “Cuando les explico a las personas se quedan impresionadas, me encanta abrir el conocimiento sobre esta temática”.

Asimismo, enfatiza que el plano amoroso nunca fue obstáculo dentro de su profesión, porque tuvo dos felices matrimonios y varios novios, además de sus dos hijos.

“De lo único que me arrepiento fue no tener dos hijos más, como ya tenía la pareja no tuve pretextos para tener otros dos”, concluye entre risas.

 

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