Humanidades

La historia, la cultura y la biografía cifrada en el esqueleto humano

Ariadna Razo / Amaranta Ruiz
Los diversos aspectos culturales que modifican el cuerpo se convierten en elementos de identificación

En su Poema del cuerpo, Alejandro Oliveros sentencia: “el cuerpo tiene su propio laberinto, su oculta geografía de caminos y posadas”. En efecto,  aspectos culturales como la ocupación, las actividades recreativas, los ritos sociales y la propia historia de vida modifican la estructura ósea de las personas.

De esta manera, el estudio de restos humanos a través de la osteología antropológica permite conocer “la variabilidad  de las poblaciones del pasado, las enfermedades que tenían, su edad, su distribución por sexo, aspectos epidemiológicos, las actividades que desarrollaban y los grupos musculares utilizados de acuerdo con la labor que desempeñaban. También es posible conocer las condiciones de contaminación en las que vivían”, afirmó Lilia Escorcia Hernández, investigadora del Laboratorio de Antropología Forense del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) de la UNAM.

Las marcas que presentan los huesos aunado al contexto histórico conducen a una serie de inferencias sobre la forma de vivir de los sujetos. “Cada modificación que sufre el cuerpo tiene un significado o una representación cultural; su estudio es una parte fundamental de la antropología, lo que define a la antropología son los análisis de la cultura”, explicó Escorcia Hernández.

En el caso de la escuela mexicana, “a diferencia de otros equipos de antropología, tenemos mucho más que aportar, debido a la integración de las cuatro disciplinas antropológicas: Antropología social, Antropología Física, Arqueología y Lingüística Antropológica. De tal forma que si nos preguntamos por ejemplo, ¿por qué sucedió un hecho criminal, un hecho de violencia? Somos llamados a identificar, pero cuando trabajas con un equipo interdisciplinario tienes más interpretaciones que ofrecer con cada una de las herramientas metodológicas. Esa es la riqueza”, agregó la investigadora.

De la academia a la sociedad

En la actualidad algunos investigadores del Laboratorio de Antropología Forense, colaboran con el Centro Diocesano para los Derechos Humanos Juan de Larios, en el estado de Coahuila. Este colectivo, explicó la especialista, es un modelo de acción para la búsqueda y localización de personas desaparecidas con vida o fallecidas. Se trabaja dentro de un marco legal con las autoridades, para otorgar certidumbre a los dictámenes encaminados a la identificación de restos humanos. Además, añadió que se han impartido talleres “en diferentes colectivos para difundir el trabajo de los antropólogos, en particular de los antropólogos físicos y los arqueólogos, cuya labor es más visible en el campo”.

Asimismo, de manera conjunta con la Universidad Veracruzana, en particular con la Facultad de Antropología-Xalapa, se impartió el Diplomado de Arqueología  Forense (de agosto a noviembre), “el objetivo del diplomado es formar y acreditar a sus egresados arqueólogos como peritos independientes capaces de dar atención a la ciudadanía. Aunque la figura del perito independiente no es nueva, debido al contexto de violencia por el cual atravesamos existe la necesidad de realizar este tipo de trabajos para responder como sociedad a las necesidades y problemas que enfrentamos como país”, finalizó.

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