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Nänä hai, proyecto de agricultura autosustentable

Farrah de la Cruz Cárdenas/edición: Damián Mendoza
La nobleza del amaranto permite que éste resista a aguas contaminadas, sequías y heladas

La migración a Estados Unidos, el abandono del campo y el fenómeno del “coyotaje” son algunos de los problemas que padece el Valle del Mezquital. Ante este panorama, Fredy Pastrana y Vianney Jiménez llevaron a cabo un proyecto de agricultura autosustentable, a través del cultivo del amaranto en un cuarto de hectárea, que ayude a erradicar la situación de pobreza que azota a la comunidad, del municipio de Rinconada Tasquillo, Hidalgo.

Con 3 mil 500 pesos, producto del trabajo y de las becas de ambos jóvenes, se comenzó la siembra en tierras donde nunca antes se había cosechado la semilla. La familia González Trejo aceptó los riesgos de no obtener ganancia económica durante los primeros cinco años del proyecto, y tuvo que adaptar sus conocimientos tradicionales de la cultura hñähñu a una nueva forma de cultivo. Fue la única familia que creyó en las palabras de los jóvenes estudiantes.

“Para lograr el desarrollo, primero tuvimos que analizar factores en la comunidad: qué tipo de organización social llevan a cabo, el uso de tenencia de tierra que tienen, el suelo y el clima, pero sobre todo, sus usos y costumbres”, comentó Fredy, quien obtuvo su título de licenciatura en Sociología gracias a este proyecto.

Los pobladores refirieron que en 1970 un canal de aguas negras echó a perder varios cultivos, lo que evitó el desarrollo de algunas plantas. Sin embargo, la nobleza del amaranto que, resiste a aguas contaminadas, sequías y heladas, hizo posible que a muy bajo costo y con poca mano de obra, se realizara su siembra.

A un año del proyecto, Fredy y Vianney ahorraron 10 mil pesos, dinero que reutilizaron para la siembra del siguiente año y para costear la carrera universitaria de Arlet, hija mayor de la familia González Trejo.

En ese contexto, las posibilidades para que alguien curse estudios universitarios en esta comunidad son escasas. “Quienes pueden asistir a la universidad tienen algo en común: familia que ha migrado a Estados Unidos, a la Ciudad de México o a Ciudad Juárez”, destacó Vianney, egresada de la Faculta de Filosifía y Letras de la UNAM.

Han pasado tres años y la fase piloto del proyecto dio como resultado la comercialización de nänä hai, barras de amaranto que han demostrado la viabilidad de la empresa. Por ello, los universitarios tienen la idea de visitar otras comunidades para enseñarles la siembra de este alimento nutritivo que ya forma parte fundamental de la dieta de los González.

Fredy y Vianney tienen claras sus metas a largo plazo: financiar otros proyectos dirigidos a la comunidad y a la región, así como la construcción de una Casa de Cultura donde se impartan talleres de inglés o de derechos humanos hacia los migrantes, además de incentivar a los pobladores de estas comunidades para que crean, nuevamente, en el campo.

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