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Rumbo a la ONU, la Carta de Deberes y Obligaciones de las Personas

Laura Romero / Erik Hubbard / Francisco Medina
A partir del reconocimiento de que derechos y obligaciones van de la mano y desde la tribuna de la sociedad civil, la UNAM presentó ante el cuerpo diplomático mexicano la Carta de Deberes y Obligaciones de las Personas, para que la Cancillería se encargue de llevarla a las Naciones Unidas.

A partir del reconocimiento del principio de que derechos y obligaciones van de la mano y desde la tribuna más relevante de todas –la de la propia sociedad civil–, la UNAM presentó ante el cuerpo diplomático mexicano la Carta de Deberes y Obligaciones de las Personas, para que la Cancillería se encargue de llevarla a las Naciones Unidas.

Ante el centenar de embajadores y Consules Generales de nuestro país, el rector Enrique Graue expresó su preocupación porque los valores que rigen en la sociedad actual forman parte de una cultura en la cual los derechos adquiridos parecen existir por el simple hecho de haber sido asumidos por los Estado sin suponer, a la vez, un compromiso correlativo individual o colectivo para su cabal cumplimiento.

La Carta, iniciativa de la Fundación José Saramago, el World Future Society y académicos de la Universidad de la Nación formará parte medular de la agenda de los diplomáticos mexicanos durante este año.

El rector de la UNAM, Enrique Graue Wiechers presentó ante miembros del cuerpo diplomático de nuestro país, la Carta de Deberes y Obligaciones de las Personas, iniciativa surgida del interés de la Fundación José Saramago, del World Future Society y de distinguidos ciudadanos y académicos de la Universidad Nacional ante la realidad social, política y económica que impone el mundo en que vivimos.

En la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) y en el marco de la XXIX Reunión de Embajadores y Cónsules 2018, el rector afirmó que todos los derechos deben estar acotados por una obligación recíproca que garantice el respeto a los derechos de los demás.

Vemos con preocupación que los valores que rigen en la sociedad actual forman parte de una cultura en la cual los derechos adquiridos parecen existir por el simple hecho de haber sido asumidos por los Estados o por las sociedades, sin suponer, a la vez, un compromiso correlativo individual o colectivo para su cabal cumplimiento, añadió.

Graue señaló que los signos de individualismo, del imperio de la posverdad y de los nacionalismos aislacionistas están aflorando en las personas y en las colectividades. Además, vivimos en una cultura que, muchas veces, se deja llevar por la inmediatez, lo superfluo y, en donde todo existe en capacidad de ser desechado cuando incomode o implique un esfuerzo adicional.

De ahí, los riesgos de no asumir deberes ante los derechos reconocidos, y de que esos derechos, carentes de cualquier obligación, puedan esgrimirse como razones para justificar la violencia y la intolerancia; los distintos actos de discriminación racial y religiosa; la inequidad de género; o el rechazo a la diversidad.

También de ahí, la indiferencia ante la desigualdad social; la inacción ante la participación democrática; la conformidad con la desinformación; la falta de compromiso con la educación formal, con el cuidado para la salud o para el trabajo con dignidad; el abuso de los recursos naturales o el descuido ante los daños en el medio ambiente.

Por ello, explicó el rector Graue, esta iniciativa ciudadana sobre los deberes y obligaciones que los hombres y las mujeres del mundo debieran tener ante sus semejantes y hacia el entorno si deseamos tener un futuro mejor, es un documento oportuno.

Pero, abundó, también es pertinente, porque los 17 objetivos del Desarrollo Sostenible para el 2030 suscritos por nuestro país y aprobados por la Asamblea General de las Naciones Unidas no podrán cumplirse sin el concurso de todos los ciudadanos.

La carta fue mostrada hace un par de meses al Secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray. El propio canciller relató que una vez recibida formalmente, “decidimos adoptarla e impulsarla ante las Naciones Unidas”, y que se convierta en una prioridad para la diplomacia mexicana en este 2018.

Miguel Ruíz Cabañas, subsecretario para Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos de la SRE, recordó que esta Carta cívica del siglo XXI se basa en los ideales de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en las ideas del escritor José Saramago, quien en 1998 habló de estos conceptos.

José Ramón Cossío, Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, opinó que en el orden jurídico internacional estaba faltando una carta de deberes, porque de otro modo, sólo quedan exigencias de satisfacción inmediata de los derechos por la simple asunción de ser seres humanos; “hay que complementar la ecuación para lograr una mejor realidad en el futuro”.

La profesora emérita de la UNAM, Juliana González Valenzuela sostuvo que los derechos humanos son dados, pero los deberes son creados, resultado de la libertad, y son éticos. Así, “el fundamento ético de una carta de deberes y obligaciones se haya en el hecho de la condición libre del ser humano”.

Julio Millán Bojalil, presidente del World Future Society Capítulo México y del Grupo Coraza Corporación Azteca, resaltó que la Carta por primera vez habla claramente de las obligaciones de las empresas. Incorpora el concepto económico en el desarrollo social de un país, del mundo y del futuro de la humanidad.

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