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A 40 años del golpe militar en Argentina

Marlene Fautsh
Las fuerzas armadas se encarnizaron no sólo contra los autores, sino con los libros como objeto

Una buena parte de los mecanismos de represión del régimen militar argentino se enfocó en la cultura, en especial contra la música y la literatura. Muchos escritores terminaron proscritos, en el exilio o desaparecidos en algún campo de concentración.

Sin embargo, las fuerzas armadas se encarnizaron no sólo contra los autores, sino con los libros como objeto.

La Junta Militar emitió hasta 12 decretos para eliminar listas de libros que crecían día tras día: «Prohíbese en todo el territorio de la Nación la distribución, venta y circulación del libro y secuéstrense los ejemplares correspondientes» se ordenaba.

La censura llegó a grados inverosímiles prohibiendo, por ejemplo, libros infantiles: Un elefante ocupa mucho espacio, fue condenado por considerarse que tenía «una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria a la tarea de captación ideológica del accionar subversivo»; Cinco Dedos sufrió también la censura debido a que la esposa de un militar consideró que «humillaba al ejército», pues en el cuento una mano verde era derrotada y el ejército llevaba el uniforme de ese mismo color; El principito, de Saint-Exupéry, fue quemado.

Hubo varias hogueras: en abril de 1976, en el patio de un colegio de Córdoba, se quemaron obras de Marx, Engels y Martí que pertenecían a la biblioteca de la escuela. El 29 de abril hubo otra quema colectiva de «los enemigos del alma argentina»: Proust, Galeano, Neruda, García Márquez, Cortázar y una larga lista.

El 26 de junio de 1980 en Sarandí, provincia de Buenos Aires, se quemaron 24 toneladas de libros, todas del Centro Editor de América Latina.

Los libros ardieron durante tres días en un terreno baldío.

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