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El Barco de Libros, un festival de literatura que cumple 10 años

Omar Páramo/edición: Francisco Medina
En este ejercicio de tender puentes, uno de los más importantes es el establecido con la UNAM

La travesía del Acapulco Barco de Libros —uno de los festivales nacionales de literatura con más arraigo en México— acaba de cumplir 10 años, los mismos que duró el viaje de Ulises de regreso a su casa en Ítaca, y al igual que pasó con el héroe griego, para los organizadores del evento esta década ha representado una odisea.

“Empezamos siendo un encuentro de jóvenes escritores, pero pronto modificamos ese requisito a fin de incluir a autores de todas las edades. Lo que hemos mantenido es nuestra intención de vincular a los estudiantes de Guerrero tanto con autores como con el quehacer nacional en cuanto a las letras”, explicó la poeta Yelitza Ruiz.

En este ejercicio de tender puentes, añadió, uno de los más importantes es el establecido con la UNAM, pues la mayoría de los literatos que han pasado por este foro han sido profesores o egresados de la Universidad, quienes con su presencia han acortado las distancias entre este puerto del Pacífico y la Ciudad de México.

Tan sólo en esta décima edición, que tendrá lugar del 7 al 10 de diciembre, tendremos a Yolanda Segura, quien cursa su doctorado en la Facultad de Filosofía y Letras de CU, o a Maricela Guerrero, Óscar de Pablo o Paula Abramo, todos de origen puma, expuso.

“Y lo más relevante de este Barco de Libros es que se trata de un encuentro nacido de la solidaridad del público y no de las instituciones, pues aunque realizamos gestiones con éstas, en realidad es un evento independiente y de iniciativa ciudadana”.

Sobre a qué se refiere con este punto, Yelitza Ruiz señala que al involucramiento de la gente con en este esfuerzo de hacer un festival nacional de las letras en un lugar como Acapulco, considerada la segunda ciudad más violenta del mundo.

“Esto es una manera de demostrar que también hay vida cultural y no sólo focos rojos. No todo se da en la CDMX, también aquí tenemos a personas haciendo cosas artísticas relevantes, como el narrador Federico Vite o el bailarín Serafín Aponte, reconocidos a nivel mundial y cuya vida cotidiana se desarrolla en Acapulco”.

Por ello, desde el inicio la gente del puerto se involucró con esta iniciativa, al grado de apoyar con agua o sillas si hacen falta, y escritores de todo el país están al pendiente de cuándo comienza el festival y muchos viajan y se hospedan con recursos propios.

“En estos 10 años jamás hemos pagado un boleto de avión y, pese a esta limitante, nos han visitado más de 150 literatos, lo que da una idea de lo importante que resulta esto para ellos”.

La importancia de formar públicos

Para Yelitza Ruiz, si una cosa tuvo en claro este encuentro desde su nacimiento es que debía acercarse a los jóvenes guerrerenses, y en especial a los universitarios, a fin de darles un respiro y ayudarles a sobrellevar los escenarios violentos y adversos en los que crecen.

“No nos engañamos ni creemos que quienes vienen decidirán hacerse escritores, pero lo que si queremos es que estas actividades sirvan para formar públicos y con este objetivo decidimos hacer algo que otros festivales no hacían, no limitarnos a nuestra sede e ir a donde están los estudiantes, es decir, a las escuelas y a las unidades académicas de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro)”.

El experimento ha sido tan exitoso que, a partir de los resultados obtenidos por el Acapulco Barco de Libros, los festivales organizados por las instituciones guerrerenses han comenzado a seguir este esquema. “Ya no se quedan en un salón oficial, con una lectura seria e impartida desde una mesa con mantelito verde; ahora se mueven a otros espacios y han comenzado a quitarle esa solemnidad que se daba a las actividades literarias. Todo eso comenzó aquí”.

Por todo ello, para Yelitza Ruiz es importante celebrar estos 10 años de haberse mantenido como un proyecto del público y los autores que ya sobrepasó a cualquier comité y que se suma a iniciativas hermanas como el Carruaje de Pájaros (festival chiapaneco) y el Encuentro de Escritores en Monterrey, que también están cumpliendo una década y que también son pioneros en esta tarea de acercar a los literatos a gente que tradicionalmente había estado alejada de este tipo de manifestaciones culturales.

Una odisea que continúa

El festival Barco de Libros tendrá lugar del 7 al 10 de diciembre en la biblioteca pública del Zócalo de Acapulco, además de en diversos espacios de la UAGro. Las ediciones pasadas han estado dedicadas a personajes como la profesora de la UNAM Elsa Cross, el poeta Héctor Carreto o el novelista José Agustín, aunque en esta ocasión, “para no dejar a nadie fuera de este festejo por nuestros 10 años, el lema del encuentro es ‘el homenaje es para todos’”, explicó Ruiz.

Entre las actividades habrá lecturas de obra, mesas de análisis sobre desde qué espacios escriben las mujeres o sobre literatura, violencia y movimientos sociales, así como presentaciones de libros como Obra negra, de Gilma Luque; Procesos de la noche, crónicas de Diana del Ángel en torno a la historia la familia de Julio César Mondragón, el estudiante de Ayotzinapa que apareció sin vida ni rostro en la noche de Iguala; Estaciones nocturnas, poemario de Ibán de León; O reguero de hormigas, de Yolanda Segura, y el ejemplar de cuentos Efecto vudú, de Edgar Omar Avilés.

“Empezamos como un encuentro de escritores jóvenes pero pronto quitamos este requisito de la juventud no sólo porque la literatura es atemporal, sino porque nosotros, como festival y a lo largo de esta década, también hemos madurado”, concluyó Yelitza Ruiz.

Sobre los 10 años que demoró Ulises en regresar a casa escribía el poeta griego Constantino Cavafis: “Cuando emprendas el viaje hacia Ítaca ruega que tu camino sea largo y rico en aventuras y descubrimientos”; para el Acapulco Barco de Libros justo así ha sido.

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