Cultura

120, una obra teatral que demuestra la perversidad de los políticos mexicanos

Omar Páramo/edición: Francisco Medina
La obra, que transita en la ficción, se presentará en el Museo Universitario del Chopo

En vida, Rafael Gutiérrez Moreno fue conocido como el Zar de la Basura por haber usado su lugar como líder de los pepenadores del DF para amasar una cuantiosa fortuna y ganar poder político. Fue diputado del PRI en el sexenio de José López Portillo, alardeaba de tener 56 hijos y estaba decidido a no parar hasta sumar 180, fue señalado como un abusador sexual compulsivo (abrigado en la impunidad) y murió en la alcoba de su enorme mansión, de tres impactos de bala, resultado de un plan orquestado por su esposa, quien más tarde diría que con ello vengaba “11 años de vejaciones”.

Un hombre así parecería sacado de una novela negra o de un thriller psicológico, pero en realidad forma parte de nuestra historia nacional “y nos demuestra que, con frecuencia, la realidad es más perversa que la ficción”, señaló la dramaturga Ana Zavala, quien escribió la obra 120, basada en este personaje, el libro 120 días de Sodoma, del Marqués de Sade, y Saló (1975), filme de Pier Paolo Pasolini.

La pieza —que se presenta por una breve temporada en el Museo Universitario del Chopo— transita entre la ficción y el documental no sólo por ser un ejercicio de teatro experimental, “sino porque si no contrastamos así los excesos retratados en escena podemos creer que todo es literatura y distanciarnos de lo que en verdad pasó”.

Uno de los aspectos que más interesó a Zavala al crear esta obra fue no perder de vista que su protagonista fue alguien que existió, dejó lastre en nuestra sociedad y cuya vida es ejemplo de muchos vicios recurrentes en la política mexicana (incluso uno de los hijos de Rafael Gutiérrez, de nombre Cuauhtémoc, ha aparecido en investigaciones periodísticas de largo aliento como un político que usó su puesto de presidente del PRI en el Distrito Federal para contratar edecanes con la única encomienda de satisfacer sus caprichos sexuales).

Por ello, en los dos años que le tomó elaborar esta pieza, la también actriz y directora leyó La sociedad de la basura, del sociólogo de la UNAM Héctor Castillo Berthier; las notas publicadas en diversos diarios acerca de este hombre, y Basura de oro, libro de la reportera Ana Cecilia Treviño, mejor conocida como la Bambi, quien entrevistó a la multitud de exparejas de este cacique de los años 70 y 80, cuya fortuna al morir se calculaba en más de mil millones de pesos.

“La idea era consignar los hechos para entender cómo alguien puede erigir un imperio a través de los desperdicios, cómo se crean y sostienen feudos medievales en el México moderno y por qué estas realidades subsisten. No inventé nada, ésta es la parte documental y ahí están los datos duros, proyectados en video para la audiencia”.

En la fiesta de lo grotesco

En la representación de 120 muchos lugares se subvierten, incluso el del espectador, quien en vez de sentarse en una butaca sube al escenario, ocupa una silla y, desde ahí, decide el rumbo que seguirá la historia. “Para que quede en claro qué corresponde a la parte de la ficción, está se enmarca en una fiesta, a la cual los espectadores llegan como invitados y donde conocerán a los personajes que empujarán poco a poco la obra: un niño y un par de políticos.

También es aquí donde Ana Zavala retoma el libro del marqués de Sade, en el cual un grupo de hombres poderosos de la Francia del siglo XVIII secuestra a 16 menores para encerrarlos en un castillo suizo y, en una larga orgía de cuatro meses (o 120 días), someterlos a todo tipo de “placeres” que incluyen la necrofilia, la sodomía, el bestialismo, la amputación y el asesinato con saña.

“Llegados a este punto es donde le explicamos al público en qué consisten las reglas del juego: ellos deberán elegir entre una serie de castigos aplicados a una víctima. Así toma ruta la puesta en escena”.

En 1961, el psicólogo neoyorquino Stanley Milgram desarrolló un experimento en el cual pedía a un grupo de voluntarios aplicar descargas eléctricas a un actor, encerrado en una habitación contigua, quien al ver que sus ejecutores accionaban una perilla, gritaba y fingía dolor. El objetivo era demostrar los peligros de la obediencia y este simulacro demostró que la persona promedio es capaz de provocar mucho daño a un semejante si recibe órdenes de hacerlo. Ana Zavala adaptó esta experiencia a los escenarios para convertir a los espectadores una suerte de verdugos.

“Ha habido quienes han salido a vomitar, llorando o en crisis, y otros me han felicitado por tener el valor de hacer esto y plantear una crítica en estos términos. Es una obra que no puedes calificar con un me gusta o no, pero sí me queda claro que no deja a nadie indiferente”.

Como sociedad —agregó Zavala— estamos adormecidos por este sistema político, caciquil y paternalista; por ello a veces se requieren sacudidas de este tipo para ponernos, como diría Susan Sontag, ante el dolor del otro, y claro que el efecto de balde de agua fría es mayor si quien sufre está frente a ti, a metro y medio de tus pies.

La obra 120 se presentará en el Museo Universitario del Chopo el próximo jueves y viernes a las ocho de la noche, el sábado a las siete y el domingo a las seis de la tarde.

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