Cultura FIL Guadalajara 2017

Estados Unidos, una jaula enorme para Poe: Paul Auster

Daniel Francisco /Imagen y edición: Francisco Medina

Un poeta que desaparece en un agujero anónimo, una lápida triturada y unos versos que perdurarán por siempre:

“Escrutando hondo en aquella negrura/permanecí largo rato, atónito, temeroso,/dudando, soñando sueños que ningún mortal/se haya atrevido jamás a soñar” (El Cuervo, Poe).

Edgar Allan Poe estuvo presente en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en voz del escritor Paul Auster. El autor de “La invención de la soledad” hizo un recorrido por los poetas que admiraron la obra de Poe: Mallarmè, Withman, William Carlos Williams, y por supuesto, Baudelaire.

Walter Withman sintió el impulso de asistir al entierro de Edgar Allan Poe pero no de dar un discurso. Mallarmè estuvo en espíritu en ese entierro y pensaba que la muerte de un poeta es un dolor enorme. Escribió el poema La tumba de Edgar Allan Poe:

“La tierra sea hostil, la nube nos repruebe/Si no esculpe con ellos nuestra idea un relieve/Que la tumba de Poe de su belleza invista…” (“Du sol et de la nue hostiles, ô grief!/Si notre idée avec ne sculpte un bas-relief/Dont la tombe de Poe éblouissante s’orne…”).

En la apertura del Salón literario durante la FIL de Guadalajara, Paul Auster recordó que Mallarmè tradujo al francés, a los 20 años, poemas de Poe. Respecto a Baudelaire citó que consideraba al autor de “Los crímenes de la calle Morgue” como alguien que se sale de las estructuras sociales. Para Poe, Estados Unidos era una jaula enorme, sus cuentos se desarrollaban en ambientes europeos.

William Carlos Williams consideraba que Poe no era de naturaleza fallida. Sólo era un genio que no encajaba con su tiempo. Tiene que sufrir por su originalidad. Y hay un odio mutuo con la sociedad, termina por desconfiar de todos. Con él la literatura se ancla.

Previo a su intervención, la editora Elena Ramírez, esbozó los tres momentos fundamentales de la vida de Paul Auster: cuando un niño que estaba muy cerca de él murió abatido por un rayo, cuando acabó su primer libro y cuando conoció a su esposa.

Testigo de la muerte, el rayo cercano, Auster escribió en “La invención de la soledad”: “La vida se convierte en muerte, y es como si la muerte hubiese sido dueña de la vida durante toda sus existencia”.

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