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Responsabilidad y compromiso, tarea de estudiantes mexicanos de intercambio en el extranjero

Farrah de la Cruz Cárdenas/edición: Nayeli Manuel
La UNAM lleva a cabo un programa de fortalecimiento y ampliación de su presencia en diversas partes del mundo

 

Ubicada estratégicamente entre dos océanos y rodeada por una exuberante selva tropical, Costa Rica abre sus puertas al mundo de la modernidad. En San José, su capital y urbe cosmopolita, se encuentra una de las universidades con prestigio  internacional. Y ahí están, en la modalidad de intercambio, estudiantes mexicanos.

Con 70 años de historia, la Universidad de Costa Rica (UCR) ha demostrado por qué es la institución de educación superior por excelencia en su país, la cual alberga un promedio permanente de 40 mil estudiantes distribuidos en todas sus sedes. Además, allá convergen estudiantes de otras latitudes.

Francia, España, China, Alemania, Ecuador, México, son algunos países que sostienen —a través de sus instituciones educativas— algún tipo de convenio con la Universidad de Costa Rica.

En ese contexto, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), debido a su proyecto de internacionalización, lleva a cabo un programa de fortalecimiento y ampliación de su presencia en diversas partes del mundo.

De ahí la iniciativa de crear un espacio común que contribuya a fomentar y promover nuevas redes de cooperación académica, científica y cultural, así como el intercambio y movilidad entre sus estudiantes, docentes e investigadores.

Con ese espíritu, se firmó un convenio para la creación del Centro de Estudios Mexicanos (CEM), pieza fundamental en el fortalecimiento académico de la región. Así pues, la Dirección General de Cooperación e Internacionalización (DGECI) de la UNAM otorga apoyos económicos y de gestión para la movilidad de personal de esta universidad al extranjero, así como de académicos y artistas de instituciones foráneas que realizan actividades en la Máxima Casa de Estudios.

No es raro ver en los pasillos de la UCR a estudiantes mexicanos provenientes de diferentes campus de la UNAM, como Nallely Rivera, alumna de la licenciatura en Comunicación y Periodismo de la Facultad de Estudios Superiores Aragón, quien a sus 21 años de edad obtuvo una beca de movilidad para estudiar un semestre en la UCR.

“Opté por esta universidad porque quería algo diferente. Sin embargo, todo esto ha sido un reto para mí, ya que el modo de vida tiene un ritmo distinto: aquí amanece mucho muy temprano y anochece a las cinco de la tarde, pero el vivir con gente nativa me ayudó mucho a adaptarme. Mi roomie se convirtió en mi compañera de vida. Los ticos y los mexicanos somos muy parecidos en el sentido de la calidez. Les estoy muy agradecida por cómo me han recibido”, comenta Nallely.

Debido a la carrera que estudia, la UCR le ofreció a Nallely la oportunidad de participar en un programa de radio a través de Radio U, una de las tres emisoras de la Universidad de Costa Rica. Y aunque algunas expresiones son distintas, con un clima demasiado húmedo y un ritmo de vida lento, lamenta mucho tener que regresarse a México.

“Aquí tengo mi vida. Además, la UCR te da un mentor, una especie de amigo tico que te inicia en esa área estudiantil, con el que acudí a reuniones con compañeros de otras nacionalidades. Es como una especie de magia donde se escuchan diferentes idiomas. Eso me hace sentir bien”, rememora la estudiante.

Uriel Flores, de 22 años de edad, es otro alumno de la UNAM que buscó nuevas experiencias de vida en esta universidad centroamericana. Estudia Economía Industrial en la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) León, en Guanajuato, pero desde junio de este año es un estudiante más del campus central de la UCR.

Dado que en Costa Rica hay plantas geotérmicas o eólicas que producen gran cantidad de energía eléctrica, y porque se relaciona con el desarrollo que está viviendo su estado en cuanto a la industria y la contaminación, Uriel eligió a la UCR para estudiar un semestre.

“Me siento muy bien. Aquí todo es relajado, muy limpio. Me gusta. Por suerte, tuve una compañera que estudió lo mismo en la ENES y vino a esta universidad, ella me dio los datos de dónde quedarme, qué hacer, a dónde ir, dónde comer, y aunque ya extraño el picante y la tortilla, con gusto regresaría a Costa Rica”, dice Uriel.

Otro caso es el de Antonio Andrade, estudiante de Biología en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala (FES), quien a través del Programa de Movilidad Estudiantil, cursa en la Universidad de Costa Rica el séptimo semestre de su carrera.

“Saqué mi visa temporal de estudiante en la embajada de Costa Rica en México. Más adelante, la DGCI me dio la oportunidad de concursar por una beca para venir con un poco más de apoyo, y por último, nos dieron una charla de despedida sobre los cuidados que teníamos que tener al venir”, relata Antonio para UNAM Global.

Contento por la relación que tiene con muchos estudiantes extranjeros, el universitario de 22 años señala que para la carrera de Biología la movilidad estudiantil a nivel mundial es alta, debido a que Costa Rica tiene diversidad en esta área.

Para Antonio, el estudiante de intercambio tiene una enorme responsabilidad en el extranjero. Es necesario, dice, quitar estereotipos que se forman sobre nuestra cultura y nuestra forma de vida. “Mis amigos europeos tienen un concepto muy diferente de México. Creen que andamos a caballo y en un desierto. Está en nosotros cambiarles el chip”, concluye.

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