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Una sociedad incluyente genera una mayor calidad de vida: Elvira Hernández

Jimena Rivera/edición: Damián Mendoza
En la medida en la que conciliemos nuestras enseñanzas antiguas sobre lo femenino y lo masculino con la vida real, reconoceremos a los otros como seres humanos diversos

Conocí a la doctora Elvira Hernández Carballido en un taller de periodismo de género organizado por estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Éramos poco menos de diez mujeres jóvenes, ignorantes de lo que buscábamos, pero ávidas de encontrar respuestas a preguntas que nadie nos había enseñado a articular.

Llegué con zozobra a la sesión dedicada al periodismo mexicano hecho por mujeres, poco o nada sabía al respecto. Tantas veces nos dicen “no hubo mujeres en ese campo de estudio” que he llegado a asumir, erróneamente, que hay lugares donde las mujeres no hemos aportado.

La doctora Hernández Carballido es especialista en investigaciones con Perspectiva de Género y estudios de la historia de la prensa nacional. Es maestra en la UNAM y en la UAEH, pertenece al Sistema Nacional de Investigadores nivel 1 y recientemente fue elegida presidenta del jurado del Premio Nacional de Periodismo.

¿Por qué me interesé en hablar de la doctora Elvira? No entraré del todo en sentimentalismos, pero se convirtió en algo personal. Durante mi estancia en la UNAM he conocido docentes que han marcado sus enseñanzas en mi perfil profesional y personal, por enseñarme un poco más de lo que quiero y lo que no.

Sin embargo, no había tenido la oportunidad de ver a una mujer como un modelo profesional, al menos, no desde el punto de vista que las investigaciones de la doctora Hernández revelan: mujeres opinando e influyendo en la vida pública desde el siglo XIX.

Algunos de ustedes se preguntarán, “¿por qué es eso importante? ¿No se supone que las mujeres son iguales a los hombres?, a final de cuentas, una figura a seguir es importante al margen de su género, ¿no?”.

Sí, y no. Hasta hace muy poco, las mujeres hemos sido reconocidas como ciudadanas, con derecho a votar, con derecho a decidir sobre nuestros cuerpos (al menos en la Ciudad de México), y con necesidades diferentes a las de los hombres. Hemos buscado los medios para que seamos respetadas y tratadas con dignidad en esas diferencias.

Algo similar ocurre, al pensar en personajes que en la historia van convirtiéndose en un precedente de lo que en este momento construimos en sociedad y como individuos. Nosotros somos el ejemplo de las próximas generaciones, y queremos que quienes construyan la historia, sean reconocidos y recordados, hombres y mujeres creamos lo que hoy en día nos rodea y no podemos permanecer inertes ante los cambios.

En entrevista, la doctora Hernández Carballido nos dice cómo sus alumnos se familiarizan con la figura de la mujer en el mundo del periodismo, y cómo esto logra que en su vida profesional no sean vistas como algo extraño.

La cuestión es hacer visible esta participación, el campo laboral no debe convertirse en una arena de lucha de sexos, una distinción que ha dejado más daños que beneficios.

Al buscar la visibilización del trabajo femenino y cómo aporta éste a la sociedad, todos nos beneficiamos. La sinergia del trabajo de todos como una sociedad incluyente genera de inmediato, una mejor calidad de vida, disminuye la violencia, la discriminación y las brechas salariales, por mencionar sólo algunos efectos positivos.

El trabajo de la doctora Hernández Carballido, va más allá de conocer a mujeres que trabajaron arduamente a pesar de las condiciones en que vivían; nos enseña que hubo mujeres que abrieron un camino inmenso y lleno de recompensas. Éstas, no se lograrán de la noche a la mañana, ni lo haremos en soledad. Es necesario retomar lo ganado, lo aprendido y llevar esto a los distintos campos donde a las mujeres se les ha relegado a simples figuras de ornato.

No dejemos que la ignorancia o la apatía conduzcan a las futuras profesionales al fracaso por ser víctimas de la discriminación. En una sociedad así, no cabe nadie, ni siquiera aquellos que deciden con sus actos y palabras que así permanezcan las cosas.

En la variedad de cuerpos, intereses, motivaciones y capacidades, las mujeres siguen enfrentándose a un modelo estereotipado de lo que se espera de ellas, siendo muchas veces limitadas por el mencionado “techo de cristal”.

En la medida en la que conciliemos nuestras enseñanzas antiguas sobre lo femenino y lo masculino con la vida real, reconoceremos a los otros como seres humanos diversos y con multitud de talentos.

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