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Una mente inquieta. La lucha de una maniaco-depresiva

Daniel Francisco / Nayeli Manuel

Cuando tu sombra te persigue no hay más remedio que rendirse. Tu otro yo está listo para atraparte. Para eso nació. Sabe todos tus secretos, sabe de qué pie cojeas, la marca de tu pasta de dientes, a quién le diste el primer beso, y sobre todo, sabe cómo paralizarte, detenerte, amarrarte a la cama, dejarte sin energías.

Tu sombra es la depresión que cercena tus esperanzas. Nada va a mejorar. Nada va a cambiar. No hagas planes, de nada servirán. Lo echarás todo a perder. Y si un día, de casualidad, ves una luz al final del túnel…es que viene un tren, su ruta colisionará contigo, al menos lo que dejó la enfermedad mental, los estragos de un maniaco-depresivo.

“Una mente inquieta. Testimonio sobre afectos y locura” de Kay R. Jamison relata su paso por la locura. Así como suena, los eufemismos son para los foros y las discusiones académicas. No para una memoria de las pesadillas y de los intentos de suicidio. Quien padece una enfermedad mental está condenado a visitar por siempre a los psiquiatras, los hospitales y por supuesto, vivir a diario pendiente de los medicamentos, de los antidepresivos, del litio, del clonazepam, según sea el caso.

La parte más complicada no es levantarse todos los días, mirarse al espejo y saber que no hay salida; lo más complicado es a quién le contarás sobre tu condición. Kay R. Jamison siempre supo que esa era su principal adversidad.

Y había que encontrar la forma de contarle a los demás que tu Otro yo te perseguía. Ese Minotauro que exigía todas sus energías y, en ocasiones, se las regresaba: el bumerang emocional. De la euforia a la tristeza. De los planes absolutos a la inmovilidad.

La sombra también engrandece el ego. Jamison cuenta el tormento de prescindir del medicamento. A veces el ego buscaba, a toda costa, el autosabotaje: hoy me siento bien, ya no necesito el medicamento. Lo que venía era caer de una cascada. Caer a la calma incontrolable. Caer sin red de protección. El otro factor es cultural, su hermana le decía: haz yoga, ten la cabeza ocupada, no te llenes de medicina. Pero eso no es suficiente, nunca lo será.

“Una mente inquieta” contiene las vivencias de ser devorado por uno mismo, por una fuerza conocida pero inexplicable para quien la padece. Como le dijo uno de sus amores a Jamison: “mala suerte”. A veces esa es la mejor explicación: mala suerte genética.

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