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México aún sin conciencia del daño que ocasionan los fenómenos naturales

Farrah de la Cruz Cárdenas/edición: Damián Mendoza
Es necesario reforzar las casas o hacerlas con materiales resistentes a catástrofes naturales

Si el terremoto del 7 de septiembre hubiera acontecido un domingo a mediodía, la ciudad de Juchitán, Oaxaca, estaría hoy no sólo en escombros, sino lamentando una pérdida masiva de vidas humanas. Los templos se desmoronaron desde sus cúpulas.

Al día de hoy, el siniestro ha arrojado 71 muertos y nueve mil viviendas dañadas, por lo que esta población es el lugar más afectado del estado. Tiene el 95 por ciento de construcciones perjudicadas, de las cuales, el 90 por ciento se tendrán que demoler.

De acuerdo con Roberto Hernández Alarcón, presidente-fundador de Rescate Topos México, los daños materiales son realmente impresionantes. “Estando ahí nos dimos cuenta que desafortunadamente no existe la protección civil, o sea, no hemos aprendido el daño que nos pueden hacer estos fenómenos naturales”, detalló.

Desde su percepción, México no ha evolucionado en la prevención de desastres, tampoco ha progresado en la construcción de viviendas, ya que en algunas zonas del país, “lugares apartados, como Juchitán (Oaxaca) y Pijijiapan (Chiapas)” las casas siguen siendo de tejas y adobe, por lo que es necesario reforzarlas o hacerlas con materiales resistentes a catástrofes naturales.

“Eso hay que tomarlo muy en cuenta porque también existen otros lugares que tienen sus viviendas con características similares, y desafortunadamente no hay protección civil en ese tipo de poblaciones ni a nivel municipal ni a nivel estatal”, declaró Hernández Alarcón, quien también participó en labores de ayuda y rescate después de que un sismo de 8.1 grados en la escala de Richter sacudiera la Ciudad de México el 19 de septiembre de 1985.

Hay muchas cosas qué decir, pero hay muchas más por hacer

Para este «topo», quien desde hace 35 años ofrece voluntariamente su ayuda en labores de rescate, no hay duda de que la gente de Juchitán requiere de mucha ayuda no sólo del gobierno, sino de las organizaciones sociales, sin embargo, ésta aún no llega.

“No sé por qué no hemos podido volver a ser tan solidarios como hemos sido en otros lugares. Yo creo que la violencia en la que estamos viviendo hace que no nos movamos a ayudar, o que las pocas cosas que tenemos no se nos vayan a acabar. Quizá por eso no nos volvemos tan solidarios con los hermanos que están en desgracia”.

El 13 de septiembre, a casi una semana del terremoto, integrantes del gabinete presidencial se reunieron con el gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat, para anunciar un plan de rescate coordinado entre estos dos niveles de gobierno, sin embargo, según Roberto Hernández, no han hecho nada por la gente damnificada: “no han recibido por lo menos un apapacho, algo que realmente les pueda servir. Ni siquiera les han dicho cuándo les van a hacer sus casas”.

En el 85, relata el fundador de Rescate Topos México, se actuó de inmediato. Se hicieron campamentos provisionales en las calles, lo que permitió que la gente se saliera de sus casas dañadas mientras Instituciones como la UNAM, a través de la Facultad de Arquitectura, realizaba proyectos para edificarles una vivienda.

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