Cultura

En el Museo Memoria y Tolerancia, una muestra que crea conciencia sobre la migración y los refugiados

Omar Páramo/edición: Francisco Medina

“Ningún muro puede dejar fuera lo que siempre ha estado aquí”, dice uno de los versos de la poeta chicana Lorna Dee Cervantes, y estas palabras pueden ser usadas para describir el mensaje que intenta transmitir la exposición Rompiendo muros. Migrantes y refugiados. Un desafío para la humanidad, que puede ser visitada en el Museo Memoria y Tolerancia (MMT)”.

En un recorrido que transcurre entre mallas ciclónicas, tiendas de campañas para desplazados o vías de tren que llevan a un futuro incierto, esta muestra echa mano de estos elementos para crear una experiencia inmersiva y conciencia sobre este fenómeno mundial.

Mediante fotos, videos, carteles, grafitis y numeralias, a cada paso se ofrece una arista diferente de cómo se vive esta realidad en América, África o el Oriente Próximo. La cantidad de información desplegada en tan poco espacio es apabullante, como lo es este drama que cada tres segundos obliga a alguien a abandonar su casa.

Para integrar una exposición que abarcara un escenario tan complejo se requirió la participación de múltiples entidades, como el MMT, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), la UNAM a través de la Cátedra Nelson Mandela, la organización ganadora del Premio Nobel de la Paz Médicos sin Fronteras (MSF) o la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), entre muchas otras.

“Con esto deseamos expresar una denuncia hacia las fronteras y hacia los muros, pues finalmente las migraciones son una constante intrínseca del humano”, expuso Linda Atach, directora de Exposiciones Temporales MMT y curadora de la muestra.

A decir de la historiadora del arte, los países modernos —en especial a partir del siglo XIX— son producto de la migración “y no negamos la existencia de las fronteras; lo que no podemos tolerar son las violaciones a los derechos humanos de quieres buscan cruzarlas en muchos casos huyendo de guerras, de desastres naturales o en pos de una vida mejor. A ello va encaminado este esfuerzo”.

Sensibilizar para crear conciencia

“De este lado también hay sueños”, se lee en el grafiti con el que abre la exposición y que representa al muro que separa a México de Estados Unidos, ése que quiere reforzar Donald Trump y el mismo que muchos buscan derribar para sustituirlos con puentes.

“Esta muestra es importante porque vivimos en un país que es un espacio natural para la migración, pues somos vecinos del destino al que todos quieren llegar y no hemos sabido qué hacer con el tránsito. Ostentamos la vergüenza de tener a esa locomotora conocida como La Bestia, cuya mención misma representa muchas de las vejaciones más sórdidas registradas en los últimos años”.

Asimismo, añadió Atach, la exposición alberga instalaciones como la de uno de los campamentos levantados por la ONU para asistir a los desplazados sirios, en los que la palabra precariedad adquiere otro significado y donde el visitante experimentará —al menos por un momento— lo que sienten quienes buscan mantener a sus familias resguardadas de la violencia con apenas un delgado trozo de lona.

Tanto el campesino mixteco que viaja a EU y el sirio que busca llegar a la Unión Europea transgreden fronteras, pero aquí la muestra busca ser clara y establecer que no es lo mismo un migrante que un refugiado, pues mientras los primeros se mueven de manera voluntaria, los segundos lo hacen para alejarse del peligro y están protegidos por el derecho internacional. A veces estas definiciones se entrecruzan, aunque entender dónde radica la diferencia es brutal.

“Agradezco a mi museógrafo, Ignacio Vázquez Paravano, el ingenio para montar este recorrido en el que el visitante puede sentirse transportado a escenarios adversos y sentirse oprimido al caminar entre rejas, o sentir que las derriba y rompe fronteras”.

Solidaridad que crece

A la inauguración de Rompiendo muros. Migrantes y refugiados, asistieron Gerald Massis, director en México de MSF; José Francisco Sieber, representante en México de la ACNUR, y Luis Raúl González Pérez, presidente de la CNDH, quien destacó la relevancia de estos esfuerzos, “pues somos el principal corredor migratorio del orbe; ya después está el de Rusia a Ucrania”.

Al respecto, quien fuera abogado general de la UNAM durante el rectorado de José Narro, señaló su preocupación por lo que viven a diario nuestros connacionales en EU, pero también la suerte de los guatemaltecos, hondureños o salvadoreños que cruzan por México, donde son objetos de vejaciones.

“Los muros separan y lo mejor es construir puentes; por ello debemos recordar que somos parte de un continente y que compartimos anhelos y esperanzas”, dijo.

Ante el hecho de que para finales de 2016 hubiera 65 millones de desplazados en el mundo, el padre Alejandro Solalinde lamentó la existencia de los muros “y no sólo los físicos, sino los que hay dentro de nosotros y nos separan”.

No obstante, pese a esta realidad en la que parece privar la indiferencia, soy optimista y veo un futuro mejor, pues también percibo que la solidaridad entre las personas va en aumento, que se hace más fuerte y que está creciendo, concluyó.

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