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El nahualismo ha servido como herramienta de control social y sancionadora

Omar Páramo/Francisco Medina

El nahualismo —la creencia mesoamericana de que un humano se puede transformar en animal a voluntad— de alguna manera sirve como herramienta de control social y sancionadora de comportamientos que las comunidades suelen juzgar como antisociales, señaló Roberto Martínez González, del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM.

Esto no es una propuesta mía, sino del etnógrafo Alfonso Villa Rojas, la cual puede servir para aclarar ciertos casos registrados en este ámbito, dijo el doctor en Historia de las Religiones, quien se ha dedicado a profundizar estos temas durante 11 años, los cuales han quedado compilados en el libro El nahualismo, editado por esta casa de estudios.

Dentro de este imaginario, refirió el académico, se cuentan unas criaturas llamadas tlahuipuchtli (tipo de nahual), seres esencialmente femeninos, asociados al fuego, capaces de quitarse las piernas, transformarse en guajolote y succionar la sangre de sus víctimas.

Al respecto, el académico aclaró que estos personajes hemófagos no son exclusivos de los pueblos nahuas, pues también tienen referentes en culturas como la otomí, la mazahua, la mixe, la zapoteca, la totonaca, la chichimeca e incluso en poblaciones mestizas que van desde Monterrey hasta Yucatán.

“Y en todas estas poblaciones siempre nos encontramos un relato estereotipado. Tenemos un hombre que se casa con una mujer y resulta que ella no quiere dormir con él ni tener relaciones sexuales. El marido se finge dormido y cuando su esposa se levanta la sigue y la ve brincar sobre el fogón, quitarse las piernas, convertirse en guajolote y volar convertida en una bola de fuego”.

Sobre estas narraciones, expuso Martínez González, la constante en casi todos los casos y en las variantes de estas narraciones lo que se repite es que se trata de una mujer con una conducta anómala que genera sospechas.

“En el caso de la tlahuipuchtli es que hace referencia a personas aparentemente comunes cuya única diferencia respecto a la comunidad en la que se desenvuelven es que siguen una serie de conductas que no suelen ser bien aceptadas. Es así como el nahualismo, e incluso en supuestos casos de brujería, vemos un intento por coaccionar a los individuos para que se comporten de maneras específicas”, explicó el universitario.

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