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Escritores y traductores alzan su voz contra el feminicidio

Omar Páramo/Francisco Medina

Fue una poeta mexicana, Susana Chávez Castillo, quien en 1995 acuñó la frase “ni una más”, que se ha vuelto el grito de lucha mundial contra el asesinato de mujeres a manos de los hombres. La también activista fallecería un 6 de enero de 2011, a los 36 años, en su natal Ciudad Juárez, víctima de un grupo de feminicidas.

Historias de violencia como ésta se han vuelto tan cotidianas que ya no llegan a los diarios y, cuando sí, lo hacen cargadas de amarillismo. Para evitar eso, 40 escritores italianos crearon 38 relatos a partir de crónicas reales y los compilaron en el libro Nessuna piu, con el objetivo de que la literatura transmita el horror de estos crímenes y para contrarrestar la anestesia ante el dolor ajeno provocada por el morbo con el que la prensa suele tratar estos asuntos.

La aparición de este título en 2013, provocó un cisma en ciertos sectores de Italia, el cual repercutió en discusiones, performances, una visibilización del fenómeno y, a fin de generar un movimiento de conciencia similar en México, Clara Ferri Antonelli, profesora de traducción literaria en la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la UNAM, decidió ofrecer una versión en español de esta obra.

“En esta labor me acompañaron un grupo de alumnos de la FFyL que dedicaron parte de su tiempo a pasar al español el texto que le fue encargado. Con el otro coordinador de esta edición, Fabrizio Lorusso (autor de uno de los cuentos) nos dimos a la tarea de revisar el trabajo y de las correcciones de estilo. Finalmente, el ejemplar salió en los primeros meses de 2017 con el nombre de Ni una más”.

Al presentar el título en la UNAM, la académica destacó la relevancia de tener en el país una obra con estas características y señaló que mientras en Italia se presentan un par de asesinatos de mujeres cada dos días, en México se registran 15.

“De ahí la importancia de dar y conocer trabajos colectivos como éste, y en particular al interior de instituciones educativas como ésta donde se han dado tragedias. Recordemos el caso de Adriana Morlett en 2010, por citar uno de los más sonados, o recientemente el de Lesvy Osorio, que pese a las evidencias, las autoridades aún se niegan a admitir que fue un feminicidio”, señaló.

Sobre por qué hacer de la literatura una trinchera para hacer frente a este problema, la universitaria aseveró: “Es urgente crear conciencia ya sea desde la música, el cine o las letras y gritar nuestro rechazo a estos asesinatos y a la violencia diaria contra las mujeres”.

Una declaración de guerra

Para la filósofa y feminista Francesca Gargallo Celentani, quien escribió el prólogo de Ni una más y acompañó la presentación del libro, el primer punto que se debe aclarar es que el feminicida jamás es un loco; por el contrario, es un hijo sano del patriarcado.

“Por eso debemos evitar caer en el juego de quien argumenta demencia o locura momentánea, pues esto lleva a que al asesino se ampare en dichas justificaciones y reciba disminuciones de la pena, a veces equivalentes a las de quien robó una vaca”, advirtió.

A decir de Gargallo, las agresiones contra las mujeres responden a una lógica de guerra, “una que no se puede detener ni sanar porque a los hombres, desde pequeños, se les enseña que son poseedores de una condición privilegiada y justo donde nacen los privilegios de uno es donde acaban los derechos del otro”.

Detrás de este escenario, argumentó la filósofa, hay un juego terrible de poder y además uno perverso que se refleja en la imposición de medidas de seguridad, las cuales se llegan a ver incluso en universidades como la UNAM, donde se aplican estrategias basadas en sacrificar libertades en aras de no correr riesgos.

Sobre si se deberían instrumentar políticas públicas para combatir este fenómeno, Gargallo se mostró escéptica. “No creo en eso, pero sí en entender que el ejercicio del poder equivale a ejercer daño. Al tomar conciencia de eso y de que sólo lograremos un cambio cuando pensemos no en términos de ustedes, sino de nosotros, crearemos una cultura de paz distinta”.

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