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Medios, los peores jueces de las mujeres

Omar Páramo
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A pesar de las muchas décadas de lucha feminista, según los medios las mujeres sólo pueden ser santas o prostitutas y cuando reportan casos de violencia ellas siempre son las culpables, expuso la académica de la Facultad de Filosofía y Letras, Sandra Lorenzano, al participar en el coloquio El Cuerpo Femenino y sus Narrativas, en junio de 2017.

Como ejemplo de ello citó el percance de la madrugada del 31 de 2017, cuando un automóvil de lujo se impactó contra un poste de avenida Reforma, provocando la muerte de cuatro pasajeros. La reacción en redes sociales ante este incidente fue lamentar el deceso de tres personas y condenar la conducta de una de las occisas tan sólo por estar casada e irse de noche y sin su esposo a un bar.

“La escritora Tania Tagle se dio a la tarea de revisar las notas aparecidas en distintos diarios y en todos aparecían comentarios ofensivos por parte de los lectores, lo que la hizo escribir un tuit que decía ‘México: cuatro personas murieron en un BMW este viernes. Tres en un choque y una por puta. Las mujeres siempre nos morimos por putas’. Inmediatamente comenzó a recibir ataques dirigidos a la víctima y contra ella”, explicó Lorenzano.

A fin de documentar los insultos, Tagle fotografió mensajes como “¿qué diablos hacía de fiesta? De seguro también iba borracha”, “el problema es que siendo zorrita se quiso casar; hubiera seguido de zorrita sin engañar a nadie”, o “era una chica de cascos ligeros que bebía con desconocidos a escondidas, ¿en qué pasos andaba?”.

Sobre dichas actitudes de hostilidad, Lorenzano aclaró que éstas se repiten sin importar si se trata de un accidente, una violación, un asalto o un feminicidio y como prueba refirió el asesinato de Lesvy Osorio, “un caso en el que la joven fue juzgada y condenada desde el principio”.

Para la también poeta, el primer linchamiento desde las redes vino de la Procuraduría General de Justicia (PGJ) de la Ciudad de México, entidad que faltó a toda ética al publicar un par de tuits que decían: “El día de los hechos, la pareja se reunió con varios amigos en CU, donde se alcoholizaron y drogaron. Su madre y novio aseguraron que no estudiaba desde 2014 y que dejó el CCH Sur, donde debía materias”.

De entrada, la PGJ debía guardar el secreto de sumario y falló, ¿y de verdad, si reprobaba sus exámenes importa cuando hablamos de un asesinato?, preguntó.

“Las leyes no escritas en el país de los feminicidas dicen: no es derecho de ninguna mujer beber, drogarse o deber materias, por lo cual no se exigirá, con la misma fuerza, el esclarecimiento del asesinato de una puta, de una alcohólica o de una mala estudiante, que el de una niña obediente, casta y pura. Otra vez regresamos a esta idea de la santa o la prostituta”, indicó.

 

El enemigo en casa

En la mesa “Leer el papel de las mujeres en los medios de México”, Lorenzano advirtió que no sólo las mujeres involucradas en estas notas son blanco de ataques, sino las que trabajan en prensa, radio y televisión, ya sea porque afectan los intereses del poder o por el machismo de sus compañeros de oficina.

“Nuestro país es uno de los más peligrosos para ejercer el periodismo y según la organización Artículo 19, el sexenio de Peña Nieto es el más violento en el rubro. Además, para las mujeres las agresiones son particulares y van desde asesinatos como el de Miroslava Breach hasta atentados como el perpetrado contra Marcela de Jesús Natalia, locutora amuzga baleada al salir de su estación de radio”.

Asimismo, el acoso sexual en el gremio es alarmante. Según un estudio de Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC) llamado El poder del cacicazgo, violencia contra mujeres periodistas 2014-2015 se consigna que las más agredidas son las compañeras más jóvenes. En un momento en que no hay trabajo los machines del momento aprovechan para violentar a sus colegas de menor edad”.

Según el documento, en el lapso reportado se consignaron 147 agresiones en 24 entidades federativas y los índices de violencia contra ellas se incrementaron en un 70 por ciento. Adicionalmente, el 54.4 por ciento de los agresores fueron servidores públicos y el 80 por ciento de las denuncias femeninas no tuvieron respaldo de sus empresas e incluso hubo jefes que prohibieron denunciar, detalló.

Por todo esto, Lorenzano reconoció el valor de quienes pese a las adversidades continúan en esta labor y sacan a la luz trabajos de investigación y crítica, “todo porque ellas saben que callar desde el periodismo es volverse cómplice del horror”.

 

La escucha como una salida

 Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en Latinoamérica se cometen más de la mitad de los feminicidios registrados en todo el mundo y en México hay 12 víctimas diarias de este crimen, refirió Sandra Lorenzano.

A fin de modificar este escenario, la académica propuso recuperar tres conceptos claves: empatía, ética y capacidad de escuchar.

“Si me preguntaran qué palabra es clave para curar las heridas de nuestro México diría la escucha, pues implica saber qué le pasa al otro y fortalece los lazos de solidaridad y comunitarios. Debemos crear comunidad para detener este horror y para ello es preciso leer y caminar juntos, así como sentirnos libres de ocupar las calles”, dijo.

Para lograrlo, añadió, es fundamental la labor de periodistas y escritores, “porque la palabra poética y la literaria tienen la capacidad de generar empatía, de identificarse con el otro y hace que nos reconozcamos en problemas comunes y en nuestros dolores”.

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