Investigación y ciencia

La soltería: opción de vida para las mujeres

María Luisa Santillán /Ciencia UNAM
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La ciudad de México es el lugar con un mayor porcentaje de mujeres adultas en soltería en todo el país. Algunas toman esta decisión de manera autónoma, tienen solvencia económica y en ocasiones mantienen una relación amorosa sin llegar nunca al matrimonio, expresó la doctora Olivia Tena, del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la UNAM.

Una mujer soltera se enfrenta a distintas presiones sociales que van desde casarse, tener hijos y el cuidado de su sexualidad, hasta hacerse cargo de sus padres al no haber formado una familia. Por otra parte, el hombre soltero mantiene su estatus y su libertad sexual, muchos no se casan porque no desean asumir la responsabilidad de una pareja, aunque se enfrentan a presiones sociales como el que se piense que son homosexuales.

La investigadora comentó que desde la psicología se piensa que cuando tuvieron un padre violento, hay un rechazo de las mujeres por la figura masculina y por eso no se casan; sin embargo, desde la sociología esto se entiende como una posibilidad de vida al ser independientes económicamente.

Las Encuestas de Población en México registran la soltería a partir de los 12 años de edad. Asimismo, el término de celibato permanente se utiliza para referirse a la soltería en personas mayores de 50 años.

Proveedoras
El aumento de mujeres solteras mayores de 30 años que viven con su madre, que nunca se han casado, tenido hijos, ni habían vivido en pareja fue el antecedente que la doctora Tena tomó para estudiar a este grupo poblacional que cada vez es más común en la ciudad de México.

Identificó que, por un lado, son mujeres independientes económicamente, trabajan, muchas de ellas tienen estudios y en algunos casos mantienen una relación de noviazgo; y por otro lado, en su dinámica familiar son tratadas como menores de edad y no tienen responsabilidad en cuanto a las labores domésticas.

Una de las principales observaciones de su investigación es que las mujeres adultas solteras que seguían viviendo con su madre lo hacían como una forma de solidaridad de género. Esto porque estuvieron expuestas a la violencia que sufrieron sus madres y por ello se comprometieron a ayudarlas y a aportar ingresos.

Todas las mujeres en esta condición eran proveedoras, algo que no forma parte del estereotipo que las ubica como cuidadoras. Al contrastar estos resultados con varones solteros mayores de 30 años la investigadora encontró que éstos no eran proveedores aun viviendo sólo con su madre, pues en estos casos sólo cooperaban con algunos gastos familiares.

Dijo que este vínculo entre la madre y la hija se convierte en una relación muy dependiente, pues la primera depende económicamente de su hija y ésta descarga todo el peso de la cuestión doméstica en su madre.

Este tipo de mujeres solteras no son vistas como un problema social, a diferencia de las solteras que viven solas.

Las primeras incluso llegan a suplir de muchas maneras la función que le corresponde al Estado, pues terminan siendo un apoyo para las madres hasta que éstas mueren. Sin embargo, las solteras que viven solas sí son mal vistas debido a que se cree que no tienen una función social y se les cuestiona que no quieran tener hijos o la forma como llevan su sexualidad.

¡Mejor que se queden en casa!
Después de este estudio con mujeres y hombres que no se han casado, la investigadora se enfocó en entrevistar a los padres y madres de solteros y solteras mayores de 30 años que vivían en su casa.

Para este trabajo analizó previamente la importancia de los aspectos culturales para la dinámica que se da entre ambos. La conclusión fue que las familias de origen latino tienen una mayor tendencia a mantener a los hijos en casa, a diferencia de las francesas o estadounidenses que cuando los hijos son jóvenes generan todas las condiciones para que estos salgan del hogar familiar y no dependan económicamente de los padres.

“En las familias latinas es mal visto que se vayan si no se han casado, porque pareciera que estamos haciendo algo mal. Siempre se busca mantener la imagen de la familia perfecta, que hace bien las cosas, que se siente culpable de los problemas de los hijos y responsable de ellos hasta que están muy grandes”, concluyó.

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