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El Instituto de Matemáticas, un centro de entrenamiento olímpico

Omar Páramo/edición: Francisco Medina

El Instituto de Matemáticas (IM) de la UNAM se ha convertido en un centro olímpico al que asisten cientos de jóvenes de entre 10 y 17 años a fin de prepararse para distintas competencias locales, nacionales e incluso internacionales. “Todo el año entrenamos a decenas de chicos y casi siempre a más de un grupo”, comentó Isabel Hubard Escalera, investigadora en esa entidad y delegada por la CDMX de la Olimpiada Mexicana de Matemáticas (OMM).

En su cubículo, ubicado en el segundo piso del IM y rodeada de cajas de cartón desde donde se asoman las playeras color naranja que portarán los nueve niños que representarán a la capital en la OMM de Educación Básica, a celebrarse este fin de semana en Oaxtepec, la académica señala lo complicado que es equilibrar sus proyectos con las responsabilidades derivadas de estos certámenes.

“Ahora hago menos investigación que antes y paso más tiempo involucrada con estos muchachos, así como con la logística de los eventos, aunque mantengo a mis alumnos, eso no ha cambiado. Por fortuna puedo mantener este ritmo gracias al apoyo del Instituto, que no sólo nos presta sus instalaciones, sino considera que parte de mi horario laboral es para estas actividades; de otra manera no podría”.

Y la razón, explicó Hubard Escalera, es que, si bien la Olimpiada depende de la Sociedad Mexicana de Matemáticas, desde el nacimiento de la OMM en 1987, la UNAM de inmediato se comprometió con la iniciativa a través de la Facultad de Ciencias (FC) y del IM, y desde entonces ha fortalecido los vínculos.

“Yo misma fui competidora olímpica hace dos décadas, en los 90, cuando cursaba el bachillerato y venía a entrenarme a la Facultad de Ciencias, como hacen hoy nuestros jóvenes en el Instituto de Matemáticas. La historia se repite”.

Preparar a los mejores

Las responsabilidades de Isabel Hubard como representante de la OMM son tantas que a media entrevista se vio obligada a bajar al primer piso del IM para supervisar la última sesión de entrenamiento de los niños previa a su viaje a Oaxtepec. “Es importante porque es la primera vez que mandamos concursantes tan pequeños; esperamos que esto abra una nueva era para nuestra delegación”.

En el Salón 4 de Seminarios, a un lado del aula dedicada a Graciela Salicrup, la investigadora observa cómo los nueve alumnos de cuarto de primaria a segundo de secundaria (asesorados por tres entrenadores) son confrontados con preguntas como: “Si el número de 18 dígitos A3640548981270644B es divisible entre 99, ¿cuáles son los posibles valores de A y B?”, así como las respuestas que dan.

“Estos chicos de 10 a 14 años resuelven problemas que un estudiante de bachillerato promedio no podría, pero no es un asunto de que sepan más, sino que tienen ideas diferentes y, por ende, más herramientas para dar con la solución”, añadió la también ganadora de la Beca L’Oréal-UNESCO-AMC en 2012.

Detrás de esto hay mucho trabajo y miles de horas de horas preparando programas, perfeccionando estrategias y brindando asesorías, como bien sabe César Ernesto Rodríguez, uno de los entrenadores que apoya a Hubard y quien dice que aunque el objetivo es enseñar a los niños, en realidad él aprende de ellos.

“La verdad son inquietos y se distraen rápido, pero tienen ideas fuera de lo común. Muchas veces es más difícil explicarles algo que resolverlo y para transmitírselos debes entender bien los conceptos y encontrar las palabras adecuadas. Se cree que las matemáticas son complejas, pero con frecuencia el lenguaje es el que las complica; si logramos cambiar eso los avances son sorprendentes”.

Sobre cómo impactan estas Olimpiadas en la vida de los concursantes, tanto Rodríguez y como Hubard coinciden al señalar que los dos participaron en la OMM cuando estudiaban el bachillerato y esto no sólo los hizo ver a esta disciplina con otros ojos, sino que, como aseveraron ambos por su parte: “Después de esta experiencia supe que deseaba dedicarme profesionalmente a las matemáticas”.

Una delegación capitalina cada vez más fuerte

La selección olímpica matemática de la Ciudad de México es tan puma como el equipo de futbol de la UNAM o quizá más, pues para prepararse no sólo usan instalaciones enclavadas en CU, sino que son apoyados por la Universidad y la mayoría de sus entrenadores proviene de la Facultad de Ciencias.

“Parte de mis labores como delegada de la OMM en la capital es organizar los concursos a nivel metropolitano, sacar convocatorias, determinar las fechas de cada una de las etapas, contactar a las escuelas de secundaria o bachillerato para que inscriban a sus alumnos más sobresalientes (los de la primera categoría suelen ser 20 mil y los de la segunda 10 mil), enviar los exámenes y, con base en los resultados, escoger a los mejores de cada colegio”, explicó.

En una segunda fase y después de un exigente proceso de criba, se seleccionan a mil 200 candidatos por rubro, los cuales son sometidos a más exámenes hasta finalmente quedarse con los seis, ocho o nueve más destacados, según los requisitos de cada competencia, lo que da una idea de lo riguroso de estos procesos de depuración.

Para Hubard, esta estrategia ha resultado exitosa ya que en cada justa obtienen mayor reconocimiento y regresan siempre con medallas, aunque ahora con la modalidad de captar a niños de 10 años en adelante esperan tener a competidores aún más capaces.

“Antes nos enfocábamos en estudiantes de bachillerato y cuando los enviábamos a una justa se enfrentaban a personas más jóvenes, pero con mayor entrenamiento, pues en otros estados (no en todos) sí los preparan desde su infancia. A nuestra delegación le ha ido muy bien, pero aún no estamos donde queremos. Nuestro objetivo ahora es conquistar la OMM a nivel nacional; he ahí un pendiente”.

Una necedad que se vuelve necesidad

A la pregunta de ¿qué se necesita para ser un seleccionado olímpico?, Isabel Hubard responde automáticamente “necedad”, y no lo dice como si se tratara de un defecto de carácter, sino al contrario, como una cualidad esencial de todos los matemáticos.

“Y es que se necesita ser necio para venir al IM tres veces a la semana y pasar 12 horas absorto en problemas. Sin embargo, todo apasionado de nuestra disciplina sabe que estas actividades pasan de ser de una necedad al principio, a una necesidad al final”.

Ejemplo de ello es Víctor Hugo Almendra, quien recién colgó su uniforme de seleccionado olímpico para unirse al equipo de Hubard como entrenador. “Tengo 17 años, acabo de graduarme de preparatoria y estoy en espera de que empiece el siguiente semestre en la Facultad de Ciencias para incorporarme a la carrera de Matemáticas. Estoy muy agradecido con la OMM porque me reveló que éste es un camino en el que no puedes parar”.

Para Hubard aún queda un tramo importante por recorrer a fin de que la delegación de la CDMX alcance su máximo potencial. “Por eso me gusta rodearme de entrenadores jóvenes que me sugieran cómo optimizar las cosas, pues yo llegué con muchas ideas, pero eso no basta. Aquí siempre estamos buscando hacer las cosas mejor y eso es parte de esta necedad tan inherente de todos los matemáticos”.

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