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Una aventura intelectual en China

Daniel Francisco
Después de casi 13 mil kilómetros y alrededor de 20 horas de vuelo, Alma Iglesias Alanís, cumplió su sueño: estudiar en China.

Después de casi 13 mil kilómetros y alrededor de 20 horas de vuelo, Alma Iglesias Alanís, cumplió su sueño: estudiar en China.

Recién egresada de la carrera de Relaciones Internacionales de la UNAM recibió una oferta para trabajar en una empresa transnacional. Sus conocimientos del idioma chino le abrieron las puertas. Prefirió el servicio público. Un maestro le habló de una vacante en el Instituto Federal de Telecomunicaciones. Pasó los exámenes y se integró al área de Asuntos Internacionales de la institución.

Tenía contacto con los organismos internacionales de Telecomunicaciones, organizaba seminarios y conferencias, pero no dejó de lado su sueño: China. Nunca tuvo duda de que se iría.

Alma estudió chino dos años en el Centro de Enseñanza de Lenguas Extranjeras (CEPE) de la UNAM. Cuando se graduó buscó una opción para continuar. Escogió el Instituto Confucio de la UNAM y después de cuatro trimestres ganó la beca de un año de idioma, más dos años de maestría en Enseñanza del chino mandarín. Hizo maletas, se despidió de su familia, renunció a su trabajo y tomó un avión.

Alma estudia en la Universidad de Lengua y Cultura de Beijing (BLCU). Además de alumnos extranjeros hay estudiantes chinos que cursan inglés, español, francés, árabe, coreano y japonés.

Tiene compañeros de todas las nacionalidades: Pakistán, Corea del Sur, Japón, Tailandia, Nepal y algunos países africanos. En el edificio donde toma clase hay tres mexicanos, tres españoles, una argentina, una venezolana y una peruana.

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