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Periodismo en estado de coma

Deyanira Morán

Le gustaba portar un sombrero, parte de su atuendo. Era simpático, abierto, con su acento tan norteño. Le entusiasmaba presentar su libro, porque eran sus historias, sus experiencias de propia voz las que lo llevaron a escribir «Narcoperiodismo».

Llegó puntual a la entrevista que tenía agendada para el programa Prisma RU de Radio UNAM. 30 de noviembre de 2016, contó como a las redacciones de medios de Tamaulipas o Sinaloa (de donde era oriundo) y seguramente otros estados, ha llegado el crimen organizado, los reporteros muchas veces están en las nóminas del narco.

Compartió que en Sinaloa hay historias que no se deben contar porque pueden incomodar a los capos: «nos hemos ubicado como periodistas de primera línea que publicamos en una línea de fuego».

Javier Valdez actualmente era periodista de RíoDoce y decía que lo peor sería guardar silencio ante tanta injusticia en el país: «El periodismo muchas veces es como pisar un suelo lleno de muchos cuchillos con muchos filos, es una zona pantanosa».

El crimen organizado advertía Javier, abarca hoy la vida productiva, económica y social, ya no solo tiene que ver con drogas. Incluso los dueños de los medios de comunicación a veces no están del lado del periodista, sino del enemigo, privilegian el negocio.

Sobre los periodistas asesinados en México Javier sabía, porque así lo expresaba, que la mayoría de los casos quedan en la impunidad y muchas veces hasta el mismo gobierno los criminaliza: «Las coberturas que hacemos tienen un alto costo que han llevado a varios colegas hasta salir del país».

Javier no vivió para contar muchas más historias que su labor periodística le permitía, pero su valentía no lo dejó callarse ante un panorama sinuoso que mantiene hoy al periodismo en estado de coma.

Adiós Javier.

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