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La UNAM se sube a la bicicleta

Omar Páramo/edición: Francisco Medina

En la última semana de marzo, en las redes sociales y en ciertos portales de internet apareció un desafío dirigido a la UNAM que rápido comenzó a transmitirse de boca en boca y a repostearse de muro en muro: la asociación civil Bicitekas retaba a la Facultad de Ciencias —y a sus 14 mil estudiantes— a dejar el automóvil en casa por 22 días y, en vez de ello, trasladarse en bicicleta a la escuela.

¿Por qué 22 días y no 30?, se le preguntó a Areli Carreón, miembro fundador de Bicitekas y consultora de movilidad de Greenpeace México, a lo que respondió: “Porque ése es el número mágico para lograr un cambio según los programas de dieta, de entrenamiento físico o incluso los destinados a combatir adicciones; cada uno puede buscar algo diferente, pero todos coinciden en que sí mantienes tu propósito por tres semanas con un día, a la mañana siguiente ya no te costará trabajo proseguir con la actividad que venías realizando”.

Bajo esta noción surgió el #Reto22DíasSinGasolina, que además de convocar a la UNAM también subió al ring a las universidades autónomas de Chihuahua (UACH), Benito Juárez de Oaxaca (UABJO) y Benemérita de Puebla (BUAP). El objetivo es ver qué institución suma más kilómetros y quema más calorías en este lapso.

“La idea es retomar esa rivalidad fraternal de los encuentros de futbol americano y llevarla a otro plano, a uno que nos ayudará a optimizar el tránsito en las ciudades, a mejorar la convivencia urbana y a aminorar la cantidad de gases efecto invernadero arrojados a la atmósfera. Hagamos apuestas y veamos quienes son los mejores al finalizar la contienda: los pumas, las águilas, los búhos o los lobos”.

Para la comunidad de CU el pistoletazo de salida acaba de sonar (los trayectos se contabilizarán a partir del 19 de abril y el marcador se detendrá el 11 de mayo); la UACH iniciará en mayo, y la UABJO y la BUAP lo harán en junio, detalló Carreón, quien coordina el #Reto22DíasSinGasolina a nivel nacional.

Al concluir la justa —a mediados de año—, se contabilizarán los números de cada entidad y se calculará cuánto CO2 dejó de emitirse por institución. La ganadora recibirá mobiliario, equipo y apoyo proporcionados por diversos patrocinadores.

“Quien desee participar antes debe descargar la app gratuita Biko, encenderla al comenzar a pedalear y apagarla al llegar a su destino. Que Ciudad Universitaria sea la primera en arrancar con este experimento pone a la UNAM a la vanguardia, pues es la primera vez que se realiza algo así en el país y ello pone en la mesa de discusión la necesidad de promover otros estilos de transporte en México”.

La UNAM responde al reto

No pasó siquiera una semana de lanzado el reto y la UNAM recogió el guante. Por los estudiantes dieron la cara Daniela Guzmán y Carlos Herrera, quienes desde una emisión radiofónica matutina anunciaron la puesta en marcha del Biciclub de Ciencias, y por la parte institucional respondió el Programa Universitario de Estrategias para la Sustentabilidad (en voz de Mireya Imaz).

“No pensamos que los integrantes de la comunidad puma se sumarían tan rápido, pero el 4 de abril se subieron a bordo, quizá porque vieron lo mismo que nosotros, que más que un desafío o una competencia, esto en realidad es un gran experimento de movilidad que, de funcionar, nos dejará un gran aprendizaje”.

Se dice que bastan 22 días para habituarse a los cambios y eso va para todos —señaló Areli Carreón—, incluso para automovilistas y vecinos. De ahí que este lapso sirva no sólo para que los ciclistas exploren cómo llegar a su centro de estudios, sino para que los conductores y quienes habitan en las zonas aledañas a CU se familiaricen con el andar de las bicis y aprendan a respetarlas.

Al final todos saldremos beneficiados, planteó la activista, pues mientras la velocidad promedio de un automóvil en la Ciudad de México es de siete kilómetros por hora (según datos del Programa Integral de Transporte y Movilidad de la CDMX), la rapidez de una bicicleta llega a los 16 km/h (Encuesta Origen-Destino).

“¿Qué sentido hay en mantener el esquema actual? Vivimos en una metrópoli en la que destinamos 60 hectáreas para dar cabida a autos parados y en donde por cada recién nacido se venden tres vehículos. Empeñarse en seguir por esta ruta es inviable”, dijo.

Para Carreón, aunque esto se puede modificar gradualmente, “debemos comenzar a la voz de ya. De ahí la importancia de que los integrantes de la UNAM se integren al reto —alumnos, profesores y trabajadores—, pues cada persona que se anima a rodar es un individuo que construye una oportunidad de vida para todos”.

“Se hace camino al rodar”

Al aceptar el desafío, tanto la UNAM como el Gobierno de la CDMX asumieron el compromiso de velar por la seguridad de quien se anime a participar, por lo que en los 22 días del reto funcionarán cuatro ciclovías que desembocarán en CU y se dará asistencia.

“Que nos permitieran pintar señalamientos y colocar hitos en las rutas es terreno ganado, pues aunque la legislación capitalina señala que todas las vialidades primarias deben tener estructuras para recorridos en bici, si no las hacemos explícitas los automovilistas suelen desfogar su hostilidad con los ciclistas”, apuntó Carreón.

Así, la primera de estas sendas temporales vendrá de Molinos y seguirá por Revolución hasta internarse en el Estadio Universitario; la segunda compartirá espacio con el carril para autobuses de Avenida Universidad, desde el Eje 7 Sur; la tercera avanzará desde Copilco, por Eje 10, hasta Pacífico, y la última conectará a Miguel Ángel de Quevedo con la entrada ubicada en Cerro del Agua.

A decir de Carreón, dar facilidades para que un alumno llegue a sus clases no es poca cosa. “Según la encuesta más reciente de deserción escolar a nivel medio superior, el 60.6 por ciento de quienes abandonaron las aulas lo hicieron por no contar con dinero para su inscripción, útiles o pasajes. Esto nos obliga a construir alternativas de movilidad sostenibles y seguras para estos alumnos, porque un país que le falla a sus jóvenes es un país fallido”.

Sobre el carácter temporal de las ciclovías, la activista confió que una vez que la gente las vea en funcionamiento se harán permanentes, “o al menos un par de ellas, pero para esto requerimos también del apoyo de la comunidad universitaria, pues si nadie las utiliza, no tendremos con qué argumentar sobre la necesidad de dejarlas ahí”.

Un reto que busca prolongarse

Hasta sus últimos días, John Lennon vivió con la nostalgia de la bicicleta Raleigh de su niñez, mientras que Einstein solía decir que concibió su famosa ecuación E=mc2 al pedalear por las calles de su vecindario, lo que a Areli Carreón no le parece extraño pues, en sus propias palabras, “practicar el ciclismo equivale a enamorarse”.

De ahí que no le parezca extraño la respuesta que ha recibido el reto, “ya que aunque en principio fue lanzado a la UNAM, muy pronto recibimos llamadas de otras universidades deseosas de participar. De momento no podemos integrarlas porque éste es apenas un primer paso, pero esperamos incluirlas en el futuro”.

Para ella, constatar que tanta gente busca sumarse la hace creer en que un cambio sí es posible. “Son otros tiempos y tenemos otras herramientas. A diferencia de la generación del 68, ya no nos toca echar mano de las marchas del silencio o de las huelgas de hambre, sino hacernos visibles y empoderarnos de otra manera. Hoy tenemos bicicletas y redes sociales, veamos qué podemos sembrar con esto”.

El Reto 22 no bien acaba de iniciar (justo el 19 de abril, Día Mundial de la Bicicleta) y Carreón ya imagina lo que hará el año siguiente. “Me gustaría convocar a más instituciones y personas. Si en 2017 llegamos a los 22 días, nada nos impide pensar que para la siguiente edición sean 23, y después 24. El asunto es seguir avanzando y dejar que las cosas rueden”.

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