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La seguridad social en México, una bomba de tiempo

Omar Páramo

México envejece muy rápido y para el año 2050 una cuarta parte de la población tendrá 60 años o más, lo que representa una bomba de tiempo en cuanto a seguridad social, pues mientras este proceso avanza aún no resolvemos problemas básicos en el rubro, como dar empleos protegidos a los jóvenes, señaló Berenice Ramírez López, del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc) de la UNAM.

Esta indolencia ante las nuevas generaciones ha provocado que más del 60 por ciento de los mexicanos entre 15 y 29 años (sector conformado por 30 millones de individuos, según el Conapo) trabaje en el sector informal, con todas las desventajas que ello implica.

“Si el país ya atraviesa una fuerte crisis de seguridad social (se calcula que apenas el 25 por ciento de los adultos mayores recibe una pensión), las adversidades en el renglón se recrudecerán debido a esta transición demográfica que en tres décadas nos dejará con una abultada cifra de ancianos que necesitarán servicios de salud y que por razones de subsistencia no podrán retirarse”, añadió.

Sobre las razones del desamparo al que se ve sometido gran parte de la fuerza productiva nacional, la también secretaria académica del IIEc explicó que se debe a que en México la generación de empleo ha sido baja y el crecimiento económico, lento —en especial para un país con un potencial como el nuestro—, y a ello se suman las nuevas formas de contratación (como los honorarios o el outsourcing), diseñadas para favorecer a los grandes capitales y que terminan por perjudicar a los jóvenes, al insertarlos en el campo laboral, pero en condiciones desfavorables y desprotegidas.

“De entrada estos esquemas les niegan la entrada a la seguridad social, la cual es importante porque te da un respaldo frente a los imponderables de la vida, como las enfermedades, discapacidad, accidentes, vejez y muerte. Si una persona no es inscrita a este sistema deberá asumir todos estos riesgos de forma individual o confiar en que su familia o pareja la apoyará llegado el momento, es decir, se verá orillada a poner su esperanza en algo de lo que no se puede depender al 100 por ciento”, acotó.

La ruptura de la solidaridad intergeneracional

Hasta 1997 los engranajes de la seguridad social eran impulsados por un pacto de solidaridad intergeneracional en el que la población económicamente activa aportaba una porción de sus ingresos para garantizarle cuidados a la tercera edad, en un ciclo progresivo, pero esto acabó con la entrada en vigor de la reforma a la Ley del IMSS, la cual no sólo obligó a los  empleados en activo a registrarse en un sistema financiero-bancario donde debían cotizar para sí mismos, sino que rompió este compromiso de apoyo a los ancianos, subrayó.

“Ya no tenemos quien aporte para los viejos y si a ello le aunamos que más de la mitad de los jóvenes mexicanos llegarán al 2050 sin poder acceder a esquemas pensionarios o de atención a la salud por carecer de trabajos formales y protegidos, podemos anticipar un escenario nacional cada vez más adverso de aquí a 30 años”.

Para explicar por qué tanta gente está desprovista de cobertura, Berenice Ramírez expuso que, por un lado, un tercio del empleo en el país se genera en los hogares, donde la gente realiza actividades por cuenta propia y sin relación patronal (como artesanías o prestación de servicios), mientras que por el otro cada vez hay más contratados —sea por empresas o el gobierno—, pero por honorarios o outsourcing. En ambos escenarios es imposible optar por esquemas que garanticen una pensión o atención médica en la vejez.

“La crisis de la seguridad social no es un problema que vendrá, sino uno que ya tenemos y que empezará a visualizarse en los próximos cinco o seis años, cuando se retiren los primeros jubilados por cuentas individuales y se empiecen a hacer evidentes las fallas del sistema de afores”, subrayó.

Así, pronto veremos que hacer responsabilidad individual algo que debería ser un apoyo brindado por el Estado es una de tantas fórmulas para generar desigualdad y segmentación entre los mexicanos, pues al romper con el sistema de solidaridad intergeneracional y poner en diferentes nichos a los trabajadores formales y a quienes no lo son se agravará una inequidad que afectará tanto a jóvenes como a viejos, concluyó.

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