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Reeducar en el acceso a la información, clave para construir una nueva ciudadanía

Omar Páramo/vídeo: Francisco Medina

El 20 de enero, justo al asumir la presidencia de Estados Unidos, por órdenes de Donald Trump desapareció toda la información sobre el cambio climático de la página de la Casa Blanca, lo que despertó una gran preocupación entre la comunidad científica y —a decir de Laura Marina Aguirre Ramírez, académica de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM— más allá de una arbitrariedad ello representó una grave violación a un derecho fundamental para los seres humanos: el del acceso a la información.

“Esto resulta preocupante porque poner trabas a la consulta de datos de interés público implica cerrarle la puerta a dos garantías íntimamente vinculadas y dependientes de la primera: la del acceso a la participación y la del acceso a la justicia”, añadió el doctor Egbert John Sánchez Vanderkast, del Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información (IIBI) de esta casa de estudios.

A fin de arrojar luz sobre el tema “y para alfabetizar en el renglón” —acotó Sánchez Vanderkast—, el IIBI publicó el libro Acceso a la información gubernamental: la otra agenda, donde a través de seis capítulos y 117 páginas se revisa qué se hace en el rubro medioambiental tanto en México como en España, y se proporcionan pautas para ser más eficientes al buscar y exigir información.

“Aunque este libro se escribió antes de saber que la administración Trump tomaría tales resoluciones y, por lo mismo, no analiza la censura impuesta por el magnate ni los mítines de la comunidad científica estadounidense ante tales medidas, sí ayuda a entender la gravedad de esto. Se trata de un texto coyuntural que nos dice mucho sobre lo que acontece hoy en el mundo”, señaló Aguirre Ramírez.

Que EU retirara la información de manera tan abrupta no sólo echó por tierra muchos tratados y convenios internacionales, sino puso en el limbo una de las iniciativas más importantes de Barack Obama, el Memorando sobre Transparencia y Gobierno Abierto (promulgado el 21 de enero de 2009), a la cual se sumó México.

En el nuevo escenario global, los alcances de esta propuesta se han diluido progresivamente; no obstante, también marcaron el camino por el cual se enfila nuestro país, apuntó Laura Aguirre.

La cultura de la información en México

Para Sánchez Vanderkast, aunque México ha avanzado en esta ruta, aún persiste el desconocimiento. “Por ejemplo, ¿cuántos saben que en el artículo seis de la Constitución se establece el acceso a la información pública como un derecho fundamental y cuántas personas exigen a sus gobernantes el respeto a dicha garantía?”

En este contexto aparece Acceso a la información gubernamental: la otra agenda, publicación del IIBI que abreva de lo desarrollado en la iniciativa Buenas Prácticas en el Acceso a la Información Gubernamental (patrocinado por la DGAPA a través de un proyecto PAPIIT), en el que además de la UNAM participaron las universidades Autónoma de San Luis Potosí y Complutense de Madrid, y la Escuela Nacional de Biblioteconomía y Archivonomía.

Al respecto, Sánchez Vanderkast señaló que es crucial que los mexicanos hagan patente su parecer e incidan en polémicas medioambientales, como en la instalación de mineras o hidroeléctricas, y para ello deben empaparse del tema y contar con datos actualizados que permitan formular juicios y asumir posturas.

“Ya comenzamos a avanzar por este sendero; no obstante, con frecuencia dichas peticiones no proceden por estar mal redactadas. Con libros como éste se busca reeducar a la ciudadanía a fin de elaborar solicitudes bien sustentadas, saber dónde depositarlas y manejar los instrumentos requeridos en esta tarea, en especial en tiempos en que todo se hace a través de una computadora”.

Así, poco a poco conformamos una nueva ciudadanía dispuesta a reivindicar y defender el derecho a la información. Estamos en la vía, mas no hemos llegado al punto que deseamos llegar”, agregó el investigador y también coordinador del ejemplar.

Para finalizar el experto señaló que con este tipo de trabajos la bibliotecología busca fomentar buenas prácticas en el renglón, aunque admitió que éstas no se dan de un día a otro, sino que se edifican según el contexto. “Esto es el cimiento; aún hace falta más andamio y el reto es seguir construyendo”.

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