Cultura

Las balas del 68 en Tlatelolco aún resuenan

Daniel Francisco

La matanza de los estudiantes mexicanos en 1968 es una herida abierta, no una cicatriz, señaló Rosa Albina Garavito.

Luis González de Alba en su último libro “Tlatelolco aquella tarde” vuelve a contar la historia que lo obsesionó durante toda su vida: la de aquella tarde del 2 de octubre de 1968, la tarde en que se terminó con el sueño de toda una generación.

José Woldenberg, Raúl Trejo Delarbre y Rosa Albina Garavito comentaron, en el marco de la 38 Feria Internacional del Palacio de Minería, el libro de González de Alba.

Las páginas de “Tlatelolco aquella tarde” son un descenso al infierno, aún resuenan las detonaciones, las balas, la confusión, las botas militares. Woldenberg evoca los pasajes en donde González de Alba retrata la condición humana de los soldados, un “acto de honestidad intelectual”. El verdugo que también era una víctima. Y así, no sólo era un represor, sino el que le dio fruta, una cobija y fingió golpearlo al paso de sus supervisores.

El académico de la UNAM y ex consejero presidente del Instituto Federal Electoral (ahora INE), señaló que la generación del 68 desafió al poder Presidencial, un poder que en ese entonces era intocable. Agregó que las libertades que hoy se ejercen son producto de la lucha de las generaciones anteriores.

En tanto, Rosa Albina Garavito afirmó que para González de Alba el 68 no era un tema cerrado. Narrar una y otra vez el 68, ese era su responsabilidad histórica y perseguía ser absuelto por la Historia.

El autor de “Tlatelolco aquella tarde” luchó siempre por un mundo de libertades y no era ingenuo, sabía que la libertad genera vértigo. Garavito recapituló el pleito que González de Alba tuvo con Elena Poniatowska. “Los días y los años” versus “La noche de Tlatelolco”. Dos versiones distintas de los hechos. La primera, la de González de Alba buscaba que se reconociera el triunfo de la lucha de los estudiantes. La izquierda no sabe reconocer sus triunfos, acotó Garavito.

El dos de octubre de 1968 no puede ser sólo la crónica de una tragedia, fue una tarde, insistía González de Alba. Poniatowska, cita Garavito lo escrito por el autor de Los días y los años, escribe desde la perspectiva trágica y la tragedia inmoviliza, petrifica.

Finalmente, Raúl Trejo Delarbre precisó que Luis González de Alba no era un hombre amargado y que en alguno de sus textos había compartido que alguien le dijo que había sido parte de una generación afortunada, una generación que tuvo esperanzas.

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